Penal de El Puerto de Santa Maria

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El Autor y su Obra

Manuel Martínez
(El Puerto de Santa María, 1967).

Ha publicado artículos en Diario de Cádiz, Europa Sur, El Puerto Información, Diario de Jerez y en diversas revistas especializadas como Club la Bolsa de Osborne, Gestrafic y otras...

Publica en 1996 “Un Siglo de Automovilismo en Andalucía: Fábrica de Automóviles Anglada”, su primer trabajo de investigación editado en versión Inglesa y Francesa.


Gresham Hotel (Londres)

En 1998, la multinacional Ford España edita en edición bilingüe “Historia de Ford en España: Ford Motor Company S.A.E Cádiz 1919-1954”, su segundo trabajo de investigación, con el que consigue el reconocimiento de la prensa especializada.

Tras la edición de su tercer libro "El Penal de El Puerto de Santa María 1886-1981", trabaja en la biografía del conocido filántropo gaditano Elías Ahuja y Andría, (Cádiz 1863-New York 1951).

Breve historia de El Penal de El Puerto de Santa María.

En 1886 el Ministerio de Gobernación realizó un estudio para conocer la proporción de los enfermos recluidos en las cárceles del país. Se descubrió que muchos reclusos sólo esperaban el cumplimiento de la pena, en una cama de la enfermería. En ese mismo año el Estado determina crear una Penitenciaría Hospital en el exconvento de la Victoria, de El Puerto de Santa María, aunque el proceso se demoró cinco años por la mala situación del Tesoro. El 30 de abril de 1891 fue nombrado primer director de la Penitenciaría José Millán Astray, padre del creador de la Legión.

Tras numerosas obras de acondicionamiento, el 25 de abril de 1896 llegaron los primeros presos, procedentes de Ceuta, amarrados y custodiados por varias parejas de la Guardia Civil. La situación de insalubridad era tal durante esos primeros años, que los propios médicos declinaban su responsabilidad, denunciando públicamente que los locos, ya residentes en la Penitenciaría, dormían en el suelo solos y aislados, teniendo como único tratamiento la camisa de fuerza. Los principios del establecimiento penitenciario están llenos de anécdotas, propias de un centro de reclusión en el cual se mezclan cientos de individuos con distintos orígenes delictivos. El primer incidente ocurrido, lejos de ser un altercado sin importancia, fue el asesinato por parte de los presos del administrador del Penal Manuel García Torres.

Durante los primeros años, las fugas fueron constantes y no resulta difícil imaginar a los presos tuberculosos corriendo por las calles de la ciudad y la descontrolada alarma social que ello producía. Esta situación de inseguridad, junto a la marcha del Batallón que custodiaba el penal, obligó a las autoridades a la supresión de la Penitenciaría Hospital. Con el paso de los años, la situación mejoraría sustancialmente, teniendo en cuenta que hablamos de una Prisión Central de alta seguridad. Sin embargo, la guerra civil y la dura posguerra volvieron a traer un drástico empeoramiento. De una parte la elevada cantidad de prisioneros de guerra y presos por delitos no comunes aumentó la población reclusa hasta cifras que desbordaban con mucho su capacidad. En el Penal convivían más de seis mil presos. De otro lado, la división de los españoles en dos bandos se reflejó en la opresión de los vencidos por los vencedores.

Durante la posguerra, el estado sanitario volvía a ser pavoroso. El desproporcionado número de presos hacía que el ambiente en las “brigadas” o dormitorios fuera irrespirable, aunque las ventanas estuvieran abiertas de día y de noche. Los presos dormían en colchones de paja o de hoja de maíz, cada uno con un espacio máximo de 45 centímetros. A esto se le puede añadir la cantidad inverosímil de chinches, piojos pulgas moscas y una suciedad extraordinaria. El hambre y las enfermedades que azotaron entonces a todo el país se hicieron especialmente patentes en el interior de la prisión. Es significativo que durante el régimen franquista casi todos los directores generales de prisiones fueran militares.

Los años cincuenta contemplan la disminución efectiva del número total de reclusos y la reconstrucción dentro de las prisiones de células de los partidos políticos y organizaciones sindicales clandestinas. Los detenidos empiezan a luchar activamente por sus reivindicaciones. La convivencia de comunistas, anarquistas, socialistas, etc., con presos comunes, produjo el nacimiento y desarrollo de una conciencia social en las cárceles y las primeras luchas comienzan. Luchas que no han quedado registradas en parte alguna, que no fueron publicadas en ningún periódico y que fueron brutalmente silenciadas y reprimidas.

Durante los años 60 estallan los primeros motines y posteriores represiones que van recorriendo El Puerto de Santa María, Córdoba, Cartagena, Ocaña, El Dueso, Segovia y Carabanchel. La lucha de los presos entra en una etapa. En las cárceles empiezan a entrar otros presos, dirigentes obreros y militantes de partidos y se abre otro frente: la lucha por ser calificados como presos políticos.

Durante sus últimos años de existencia, el penal fue conocido entre todos los presos de España como difícil, con un régimen durísimo, sanciones continuadas, centenares de días seguidos en celdas de castigo, trato discriminatorio y una persecución constante para la que había que tener una resistencia humanamente asombrosa. La muerte del Caudillo supuso la esperanza de libertad para muchos presos sociales y políticos, que quedaron a la espera de una Amnistía General. En aquellos duros años de reivindicaciones y represión, cuando los presos llegaban al Penal de El Puerto de Santa María pensaban que ya estaban perdidos: Lo primero que se encontraban a su llegada era la suelta del Jefe de Servicios “¡ojo! y mucho cuidado que estás en El Puerto, así que ya sabes…” La tragedia para los presos comenzaba por el vestuario, ya que lo primero que hacían al llegar era uniformarles con un traje de penado que debían llevar puesto obligatoriamente. Puede decirse que el que llegaba al penal era para pasar una larga temporada.

El 20 de julio de 1981 a las 9 de la mañana, y aunque pasó desapercibido en todos los medios, al morir ese día el insigne escritor gaditano José María Pemán, comenzó a funcionar el nuevo Penal de El Puerto, tras haber llevado a cabo el traslado de los reclusos desde la antigua Prisión Central hasta el nuevo edificio entre las cuatro y media de la madrugada y las nueve de la mañana del día siguiente. El Monasterio de la Victoria, cinco veces centenario, duerme desde entonces con las vivencias de más de medio siglo como prisión, y no son pocos los que, con el dolor y el recuerdo de un familiar perdido entre sus fríos muros de piedra, recuerdan la copla que lo hizo inmortal, “mejor quisiera estar muerto, que verme pa toa la vía / en este Penal del Puerto / Puerto de Santa María”.

El libro "El Penal de El Puerto de Santa María 1886-1981", es el primer trabajo de investigación editado sobre esta parte de nuestra historia. Con gran número de ilustraciones, contiene informes de Amnistía Internacional, la Organización de Naciones Unidas y C.O.P.E.L. Recorre en orden cronológico la historia inédita de esta Prisión Central en la que estuvieron recluidos personajes como Ramón Rubial, Presidente del Partido Socialista, Lluhís Companys, expresidente de la Generalidad de Cataluña o Pablo Rada, mecánico del Plus Ultra.

 


© Manuel Martínez Cordero, 2003 - 2009    email: autor@HistoriaPenaldelPuerto.com

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